La Provincia Católica

Revista de tradición católica puertorriqueña.

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lunes, 14 de junio de 2010

La Masonería: Un enemigo jurado de la religión católica

Enlace.

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jueves, 29 de abril de 2010

"Los estudios bíblicos católicos: la leyenda áurea"

Pulse aquí para leer el artículo del Padre Harrison, sacerdote y ex-profesor en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (Ponce).

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lunes, 18 de enero de 2010

El Rey juró reinar de acuerdo a la doctrina Católica

Su Majestad, el Rey Juan Carlos I, juró "por Dios y por sus santos Evangelios... guardar lealtad a los principios que informan el movimiento nacional," incluyendo el principio no. II, que "declara el acatamiento de la Nación española a la Ley de Dios formulada por la Iglesia, cuya doctrina inseparable de la conciencia nacional, inspirará las leyes."


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sábado, 16 de enero de 2010

España en 1812: Doctrina Social Católica en Práctica



Constitucion política de la monarquía española

Promulgada en Cadiz a 19. de Marzo de 1812

CAPITULO II.
De la Religion.

ART. 12.

"La religion de la Nacion española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nacion la protege por leyes sábias y justas, y prohibe el exercicio de qualquiera otra."

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: El Limbo y la Necesitad del Bautismo


Papa San Siricio, Carta a Himerio, 385: “Como mantenemos que la observancia del santo tiempo Pascual no debe ser suavizada en ninguna manera, en la misma manera deseamos que infantes que, por causa de su edad, ya no pueden hablar, o los que, en cualquier necesidad, carecen el agua de santo bautismo, sean socorridos con toda posible velocidad, por miedo que, si los que salen de este mundo sean privados de la vida del Reino por haber sido negado la fuente de salvación que deseaban, esto conduzca a la ruina de nuestras almas. Si los amenazados de naufragio, o del ataque de enemigos, o los inciertos de un sitio, o ellos puestos en una condición desesperada por causa de alguna enfermedad física, piden lo que en su fe es su única ayuda, que reciban al mismo momento de su petición el premio de regeneración que ruegan. ¡Basta de equivocaciónes pasadas! De ahora siguiente, que todos los sacerdotes observen la regla antedicha si no quieren ser separados de la sólida piedra apostólica en que Cristo ha fundado su Iglesia universal.”


El Papa San Inocencio (AD 417) I escribió a los padres del Sínodo de Milevis: “La idea de que los niños puedan llegar a los premios de la vida eterna aun sin la gracia del bautismo es totalmente necia” (DS 219).


En el 1794, el Sumo Pontífice Pio VI condena como “falsa y temeraria” la opinión de algunos que “califica[n] de fábula pelagiana aquel lugar, . . . [adonde van] las almas de los que mueren con la sola culpa del pecado original, que los fieles suelen llamar el limbo de los niños” (DS 2626).


El Segundo Concilio de Lyons (ecuménico) definió que: "Las almas, empero, de aquellos que mueren en pecado mortal o con solo el original, descienden inmediatamente al infierno, para ser castigadas, aunque con penas desiguales." (DS 464)


Igualmente el Concilio de Florencia (también ecuménico) reiteró lo mismo: "[L]as almas de aquellos que mueren en pecado mortal actual o con solo el original, bajan inmediatamente al infierno, para ser castigadas, si bien con penas diferentes." (DS 693)


También el Papa Inocencio III (Epist. Maiores Ecclesiae causas) enseña que: "La pena del pecado original es la privación de la vista de Dios; la pena del pecado actual es el tormento del infierno eterno." (DS 410)

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martes, 22 de diciembre de 2009

¿Puede ser falso el sentido literal de la Biblia?




Tomado de Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I.1.10 ad 3:


Tercera Objeción: Además de los cuatro sentidos citados, [a saber, el literal, el alegórico o tipológico, el anagógico o escatológico, y el tropológico o moral], hay otro, el parabólico.
...
Respuesta a la Tercera Objeción: El sentido parabólico está contenido en el literal. Pues los términos significan algo propio y algo figurado. El sentido literal no se detiene en la figura misma, sino en lo figurado. Por ejemplo, cuando la Escritura habla del brazo de Dios;el sentido literal no está diciendo que Dios tenga el brazo en cuanto elemento corporal, sino en cuanto fuerza para obrar, que es lo que el brazo significa. Queda claro que lo falso no puede fundamentarse en el sentido literal de la Sagrada Escritura.


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lunes, 21 de diciembre de 2009

La justicia requiere distribución desigual de las riquezas

Tomado de Santo Tomás de Aquino, De regimine principum.


CAPITULO IX
Aquí disputa si han de ser las posesiones comunes, porque cierto filósofo llamado Feleas, dijo que se habían de partir igualmente, lo cual es falso, y que así lo sintió Licurgo.



Y porque las opiniones de estos filósofos que referimos trataban de que habían de ser las posesiones comunes, será bien decir de otros que en su gobierno Político trataron de esto mismo.


Dos filósofos hubo que, visto que las distinciones se causaban en las ciudades de que unos tenían abundancia y otros necesidad, quisieron en su gobierno Político que las posesiones se partiesen igualmente entre sus ciudadanos. El uno de estos fué Feleas Calcedonio, del cual habla el Filósofo en el segundo de los Políticos. El otro fué Licurgo, hijo de un Rey de los Espartanos, el cual, como dice Jus-tino, les dió leyes para que siendo iguales las posesiones, no fuese ninguno más poderoso que otro; y el modo que quería tener Feleas en esto le cuenta el Filósofo: y era que esta división se había de hacer cuando se fundase la ciudad teniendo atención a los términos de los campos y al número de los ciudadanos, y no haciéndose entonces, lo juzgaba por dificultoso; y para que esto, después de hecho, se conservase, ordenaba que los matrimonios fuesen de los de mayor estado con los de menor, y con esto se excusaban los pleitos, se evitaban las injurias, y se quitaba la materia de arrogancias y de ensoberbecerse.

Y también les movía de este parecer el ejemplo de otras ciudades; porque adonde hay desigualdad en los bienes temporales, muy de ordinario hay descomposiciones, porque allí hay ocasión de en-vidias y de allí nace la codicia, que, según dice el Apóstol, es raíz de todos los males; y aun el mismo Licurgo, por esta causa, en las leyes que dió a los Lacedemonios, para que se conservase su gobierno Político, les quitó las riquezas artificiales, vedando que hubiese dinero en los trueques de las cosas, sino que las trocasen unas por otras.

Pero el Filósofo reprueba esta doctrina, mostrando ser imposible igualar las cosas, como estos Filósofos quieren, y que por consiguiente era contra razón.

Lo primero se prueba, considerado de parte de la misma naturaleza humana, porque no siempre las familias se multiplican igualmente; porque acontece que un hombre tiene muchos hijos, y otro ninguno; y que en este caso fueran iguales las posesiones fuera imposible, porque la una familia tuviera mucha necesidad, y la otra mucha abundancia, lo cual es contra la providencia de la naturaleza: porque la familia donde hay más hijos de más importancia es para la firmeza del gobierno Político, por el aumento de ciudadanos, que no aquella donde los hijos faltan, y por cierto derecho natural merece mejor ser proveída de la misma República.

Demás de esto, como ya hemos dicho, la naturaleza no falta en las cosas necesarias, y así lo debe hacer el arte del gobierno civil, que faltaría en esto si las posesiones hubiesen de ser iguales, porque los ciudadanos perecieran de necesidad, y de aquí se vendría a acabar la República.

Y no sólo de parte de la naturaleza tiene inconvenientes el ser iguales las posesiones, sino también de parte de los estados y de ellas mismas; porque entre los ciudadanos hay diferencia, como entre los miembros del cuerpo, a que hemos comparado la ciudad que se gobierna en modo Político; y los miembros, así como son diferentes, tienen diferente potencia y operación; porque claro está que el noble tiene obligaciones de gastar más que el que no lo es. De adonde la virtud de la liberalidad se llama en el Príncipe magnificencia, por los grandes gastos. Y esto no podría ser adonde las posesiones fuesen iguales. Por lo cual la misma voz Evangélica nos dice de aquel padre de familia o Rey que se ausentó en peregrinación, de la manera que distribuyó los bienes a sus siervos, pero no fué igualmente, sino que a uno dió cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada cual según la propia virtud.

Demás de esto era contra el mismo orden natural con que Dios constituyó las cosas criadas en cierta desigualdad en cuanto a la naturaleza y en cuanto a los merecimientos; por donde el querer que haya igualdad en las cosas temporales, como son las posesiones, es destruir el orden de ellas, cual respecto de la desigualdad define San Agustín en el libro de la Ciudad de Dios, como ya habemos tratado, diciendo que es una disposición de cosas iguales y desiguales, la cual da a cada uno lo que le toca. Y así es reprendido Orígenes de haber dicho en el Periarcon que todas las cosas son iguales por naturaleza y que se habían hecho desiguales por defecto propio, esto es, por el pecado.

Ni tampoco por el ser iguales las posesiones se evitaban los litigios, antes se aumentaban, pues en esto se va contra el derecho natural, quitando lo que ha menester al que quizá merecía más. Demás de que es contra razón el ser las cosas iguales entre los que se gobiernan en modo Político, supuesto que Dios las hizo todas en número, peso y medida, como se dice en el libro de la Sabiduría. Todo lo cual significa un grado de desigualdad en las cosas que tienen ser, y por consiguiente en las civiles y políticas.


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sábado, 19 de diciembre de 2009

Pueden haber órdenes religiosas militares?

De Sto Tomás de Aquino, Suma Teológica II-II.188.3c: 


Respondo: Como ya observamos antes (a.2), puede fundarse una Orden religiosa no sólo para las obras propias de la vida contemplativa, sino también para las de vida activa en lo que llevan consigo de ayuda al prójimo y servicio a Dios, no e lo que se refiere a negocios mundanos. En cuanto al oficio militar, puede ir ordenado a la ayuda al prójimo no sólo en orden a las personas privadas, sino también para defensa de todo el estado. Por eso se dice de Judas Macabeo, en 1 Mac 3,2-3, que combatía con alegría en las batallas de Israel y aumentó la gloría de su pueblo. Puede también ordenarse a la conservación del culto divino. Y por ello se añade, en el mismo pasaje (v.21), que Judas dijo: Luchamos por nuestras vidas y por nuestras leyes. Y más adelante, en 13,3, dice Simón: Ya sabéis lo que yo, mis hermanos y la casa de mi padre hemos luchado por nuestras leyes y por el santuario. Por consiguiente, puede fundarse lícitamente una Orden religiosa que se dedique a la vida militar, no con una finalidad temporal, sino para defensa del culto divino, del bien público o incluso de los pobres y oprimidos, según se dice en el salmo 81,4: Salvad al pobre, librad al indigente de las manos del pecador.



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martes, 8 de diciembre de 2009

130mo Aniversario de la apertura del Concilio Vaticano

(Y el 44mo Aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II)

CONCILIO VATICANO (1869-1870)
De la constitución dogmática
Pastor Aeternus
(Sobre la Iglesia)

Capítulo 4: Sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice


Aquel primado apostólico que el Romano Pontífice posee sobre toda la Iglesia como sucesor de Pedro, príncipe de los apóstoles, incluye también la suprema potestad de magisterio. Esta Santa Sede siempre lo ha mantenido, la práctica constante de la Iglesia lo demuestra, y los concilios ecuménicos, particularmente aquellos en los que Oriente y Occidente se reunieron en la unión de la fe y la caridad, lo han declarado.

Así los padres del cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo los pasos de sus predecesores, hicieron pública esta solemne profesión de fe: «La primera salvación es mantener la regla de la recta fe... Y ya que no se pueden pasar por alto aquellas palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”63, estas palabras son confirmadas por sus efectos, porque en la Sede Apostólica la religión católica siempre ha sido preservada sin mácula y se ha celebrado la santa doctrina. Ya que es nuestro más sincero deseo no separarnos en manera alguna de esta fe y doctrina, …esperamos merecer hallarnos en la única comunión que la Sede Apostólica predica, porque en ella está la solidez íntegra y verdadera de la religión cristiana»64.
Y con la aprobación del segundo Concilio de Lyon, los griegos hicieron la siguiente profesión: «La Santa Iglesia Romana posee el supremo y pleno primado y principado sobre toda la Iglesia Católica. Ella verdadera y humildemente reconoce que ha recibido éste, junto con la plenitud de potestad, del mismo Señor en el bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, cuyo sucesor es el Romano Pontífice. Y puesto que ella tiene más que las demás el deber de defender la verdad de la fe, si surgieran preguntas concernientes a la fe, es por su juicio que estas deben ser definidas»65.

Finalmente se encuentra la definición del Concilio de Florencia: «El Romano Pontífice es el verdadero vicario de Cristo, la cabeza de toda la Iglesia y el padre y maestro de todos los cristianos; y a él fue transmitida en el bienaventurado Pedro, por nuestro Señor Jesucristo, la plena potestad de cuidar, regir y gobernar a la Iglesia universal»66.

Para cumplir este oficio pastoral, nuestros predecesores trataron incansablemente que el la doctrina salvadora de Cristo se propagase en todos los pueblos de la tierra; y con igual cuidado vigilaron de que se conservase pura e incontaminada dondequiera que haya sido recibida. Fue por esta razón que los obispos de todo el orbe, a veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, de acuerdo con la práctica largamente establecida de las Iglesias y la forma de la antigua regla, han referido a esta Sede Apostólica especialmente aquellos peligros que surgían en asuntos de fe, de modo que se resarciesen los daños a la fe precisamente allí donde la fe no puede sufrir mella67. Los Romanos Pontífices, también, como las circunstancias del tiempo o el estado de los asuntos lo sugerían, algunas veces llamando a concilios ecuménicos o consultando la opinión de la Iglesia dispersa por todo el mundo, algunas veces por sínodos particulares, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia, definieron como doctrinas a ser sostenidas aquellas cosas que, por ayuda de Dios, ellos supieron estaban en conformidad con la Sagrada Escritura y las tradiciones apostólicas.

Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos»68.

Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial.

Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.

Pero ya que en esta misma época cuando la eficacia salvadora del oficio apostólico es especialmente más necesaria, se encuentran no pocos que desacreditan su autoridad, nosotros juzgamos absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa que el Hijo Unigénito de Dios se digno dar con el oficio pastoral supremo.

Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

[Canon] De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.

Notas:

63 Mt 16,18.

64 Fórmula del Papa Hormisdas, 11 de agosto de 515.

65 De la profesión de fe del Emperador Miguel Palaeólogo, leída en el segundo Concilio de Lyon, sesión IV, 6 de julio de 1274.

66 Concilio de Florencia, sesión VI.

67 San Bernardo, Carta 190 (Tratado a Inocencio II Papa contra los errores de Abelardo ) (PL 182, 1053D).

68 Lc 22,32.

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lunes, 7 de diciembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: El juramento anti-modernista

JURAMENTO ANTI-MODERNISTA
Motu Propio: “SACRORUM ANTISTITUM” Impuesto al clero en septiembre de 1910 por S.S. Pío X


Yo [nombre] abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto.

En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de los tiempos.

En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERETICA DE LA EVOLUCION DE LOS DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el deposito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del "subconsciente", moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Maestro.

En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la tradición sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: El hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y sus Apóstoles. Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la fe de los Padres sobre el criterio cierto de la verdad que está, ha estado y estará siempre en el episcopado transmitido por la sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMAS NI CREIDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.

Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e INTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos....

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martes, 1 de diciembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: Dios existe y se puede probar


PRIMER CONCILIO VATICANO (AD 1869-1870)


XX ecuménico (sobre la fe y la Iglesia)
SESION III
(24 de abril de 1870)


D-1785 [Del hecho de la revelación sobrenatural positiva]. La misma santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas; porque lo invisible de El, se ve, partiendo de la creación del mundo, entendido por medio de lo que ha sido hecho [Rom. 1, 20]; sin embargo, plugo a su sabiduría y bondad revelar al género humano por otro camino, y éste sobrenatural, a sí mismo y los decretos eternos de su voluntad, como quiera que dice el Apóstol: Habiendo Dios hablado antaño en muchas ocasiones y de muchos modos a nuestros Padres por los profetas, últimamente, en estos mismos días, nos ha hablado a nosotros por su Hijo [Hebr. 1, 1 s; Can. 1].


D-1806 1. [Contra los que niegan la teología natural.] Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema [cf. 1785]

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lunes, 30 de noviembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: La Iglesia: necesaria para salvarse

CONCILIO DE FLORENCIA (AD 1438-1445)
XVII ecuménico (unión con los griegos, armenios y jacobitas)
Decreto para los jacobitas
[De la Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1441
(fecha florentina) ó 1442 (actual)]


Denzinger no. 714: "[La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro,] firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica."

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domingo, 29 de noviembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: La Iglesia: necesaria para salvarse

De la necesidad de la unión con la Iglesia
  [De la Carta 2 Dilectionis vestrae del Papa San Pelagio II
a los obispos cismáticos de Istria, hacia el año 585]

  ...No queráis, pues, por amor a la jactancia, que está siempre muy cercana de la soberbia, permanecer en el vicio de la obstinación, pues, en el día del juicio, ninguno de vosotros se podrá excusar... Porque, si bien por la voz del Señor mismo en el Evangelio [cf. Mt. 16, 18] está manifiesto dónde esté constituída la Iglesia, oigamos, sin embargo, qué ha definido el bienaventurado Agustín, recordando la misma sentencia del Señor. Pues dice estar constituída la Iglesia en aquellos que por la sucesión de los obispos se demuestra que presiden en las Sedes Apostólicas, y cualquiera que se sustrajere a la comunión y autoridad de aquellas Sedes, muestra hallarse en el cisma. Y después de otros puntos: “Puesto fuera, aun por el nombre de Cristo estarás muerto. Entre los miembros de Cristo, padece por Cristo; pegado al cuerpo, lucha por la cabeza”. Pero también el bienaventurado Cipriano, entre otras cosas, dice lo siguiente: “El comienzo parte de la unidad, y a Pedro se le da el primado para demostrar que la Iglesia y la cátedra de Cristo es una sola; y todos son pastores, pero la grey es una, que es apacentada por los Apóstoles con unánime consentimiento”. y poco después: “El que no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿cree guardar la fe? El que abandona y resiste a la cátedra de Pedro, sobre la que está fundada la Iglesia, ¿confía estar en la Iglesia?”. Igualmente luego: “No pueden llegar al premio de la paz del Señor porque rompieron la paz del Señor con el furor de la discordia... No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo... El pecado de cisma es peor que el de quienes sacrificaron; los cuales, sin embargo, constituídos en penitencia de su pecado, aplacan a Dios con plenísimas satisfacciones. Allí la Iglesia es buscada o rogada; aquí se combate a la Iglesia. Allí el que cayó, a sí solo se dañó; aquí el que intenta hacer un cisma, a muchos engaña arrastrándolos consigo. Allí el daño es de una sola alma; aquí el peligro es de muchísimas. A la verdad, éste entiende y se lamenta y llora de haber pecado; aquél, hinchado en su mismo pecado y complacido de sus mismos crímenes, separa a los hijos de la madre, aparta por solicitación las ovejas del pastor, perturba los sacramentos de Dios, y siendo así que el caído pecó sólo una vez, éste peca cada día.Finalmente, el caído, si posteriormente consigue el martirio, puede percibir las promesas del reino; éste, si fuera de la Iglesia fuere muerto, no puede llegar a los premios de la Iglesia”.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Enseñanzas Olvidadas: La Iglesia: necesaria para salvarse

El Símbolo Quicumque
Este símbolo, llamado el 'Credo de San Atanasio', es uno de los cuatro credos oficiales de la Iglesia, y data entre el cuarto y el sexto siglo AD.





"Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.


Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias.

Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo;

pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo;

increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo;

inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo;

eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo.

Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso.

Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.

Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios;

Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor;

porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular;

así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores.

El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado.

El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado.

El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos;

y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad.

El que quiera, pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.


Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.

Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre.

Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo:

perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana;

igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad.

Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios;

uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona.

Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo.

El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado al adiestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,

y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse."



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